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martes, 3 de mayo de 2011

Ernesto Sábato, crítico de las dictaduras, fallece.

Muere Ernesto Sábato, escritor crítico con las dictaduras y grande de las letras argentinas

El autor de «El túnel» y «Sobre héroes y tumbas», premio «Cervantes», dirigió el informe «Nunca más» sobre los horrores de la dictadura militar de su país en los años 1976-1983


Oviedo / Buenos Aires,
P. R. / Agencias

Ernesto Sábato, el último grande de las letras argentinas, escritor escéptico, pesimista y tierno, azote de las dictaduras, que cumpliría 100 años el próximo 24 de junio, falleció en la madrugada de ayer en su casa de Santos Lugares (Argentina). Elvira González Fraga, la mujer que le acompañaba desde que Sábato había enviudado, en 1998, declaró que una fuerte bronquitis había terminado de complicar su delicado estado de salud. «Se ha ido un faro de la ética», declaró el ministro de Cultura de Buenos Aires, Hernán Lombardi. El autor de «El túnel», «Abaddón el exterminador» y «Sobre héroes y tumbas», había recibido el premio «Cervantes» en 1984. Los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires tenían previsto realizarle hoy un homenaje.

Sábato está siendo velado en el club Defensores de Santos Lugares, como fue «su deseo de toda la vida», afirmó su hijo, Mario Sábato, autor de un documental sobre su padre. «Sé que todos comparten el dolor y la tristeza que sentimos», subrayó.

«Mi padre no nos pertenecía sólo a nosotros, lo compartimos con mucha gente que lo quiso y lo necesitó. Él había dicho: "Cuando muera quiero que me velen acá para que la gente del barrio pueda acompañarme en este viaje final y recordarme como buen vecino"», aseguró.

Su firme compromiso político y ético que se trasluce en su obra, lo trasladó a su actividad social. En 1984 presidió la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas que redactó el informe «Nunca más», también conocido como «Informe Sábato», sobre los horrores de la última dictadura militar argentina (1976-1983), que acabaría abriendo las puertas para el juicio a las juntas militares de la dictadura en el año 1985. Sábato recibió duras críticas de organismos humanitarios por el prólogo, en el que hablaba de la «teoría de los dos demonios» sobre la violencia política de la década de los años setenta del pasado siglo en Argentina, «convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda», decía.

Puso en marcha la Fundación Ernesto Sábato, destinada a crear espacios alimenticios, culturales y educativos para los niños y jóvenes más necesitados. La Fundación le trajo el 6 de junio de 2004 a Gijón. Acompañado de Elvira González, Sábato hizo una breve escala para dar las gracias a Indalecio Prieto por su generosa aportación a la institución. Exiliado asturiano, hijo de un republicano, Prieto viajó a Argentina en 1949. Allí trabajó y se casó con Otilia Azucena Taboada hasta 1993, en que ambos regresaron a Asturias. En 2002, Otilia falleció a causa de un cáncer y pidió a su marido que no abandonara a los niños de Argentina. Indaleció cumplió y Ernesto Sábato se lo agradeció personalmente.

Dos años antes, Sábato había visitado Oviedo, invitado por su rector, entonces Juan Vázquez. El escritor, que fue recibido con un caluroso aplauso por los numerosos asistentes a la conferencia, celebrada en el Paraninfo, habló de literatura. «El arte y la literatura fueron el puerto definitivo donde calmé mi ansia de nave sedienta y a la deriva», dijo. En la capital del Principado comió con varios representantes de la cultura asturiana, entre ellos el presidente de Losada, el asturiano José Juan Fernández Reguera, cuya librería, en el centro de Buenos Aires, Sábato visitaba con frecuencia. También acudió a una misa en el monasterio de las Pelayas.

Nacido en Rojas, provincia de Buenos Aires, Ernesto Sábato sufrió en la infancia de sonambulismo y alucinaciones, que dejaron un rastro sombrío en su carácter. Su primera vocación fue la pintura y algo más tarde la geometría. Fue secretario general de la Juventud Comunista. Estudió ciencias fisico-matemáticas y, al finalizar su doctorado, lo becaron para trabajar en el laboratorio Curie, en París, en 1938. Escribía en secreto y era amigo del grupo de surrealistas integrado por Domínguez, Wifredo Lam, Matta y Tristan Tzara.

En 1943 abandonó por completo la física y se fue a vivir a una choza en la sierra de Córdoba con su primera mujer, Matilde, y el hijo de ambos, para escribir «Uno y el Universo», primer premio literario de la ciudad de Buenos Aires. En 1948 publicó «El túnel», a la que siguieron «Sobre héroes y tumbas» y «Abaddón». Su última obra publicada fue «España en los diarios de mi vejez», fruto de los viajes en 2002 a tierras españolas. El escritor atravesó momentos difíciles como el fallecimiento en 1998 de su primera esposa y la muerte en 1995 del mayor de sus dos hijos, Jorge, en accidente de tráfico.


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